Reflejo de Antiguo
de Fabio Astone

Las pinturas de Adriana Bavaresco, llenas de difuminados y de colores, llevan al Arte a un contexto que atraviesa la materia para llegar a una dimensión donde el tiempo y el espacio pueden asumir un significado diferente. Esta realidad así concebida, apasiona a todos los que, enfrente de las telas, viven las emociones de un mundo donde el contexto parece asumir un aspecto que se aleja de las reglas de lo que es conocido. El trazo pictórico apasionado y dulce de la pintora acompaña la fantasía y en sus característicos escenarios naturales es posible entrever el juego de corrientes que animan imaginarias profundidades marinas. Al mismo tiempo lo que parecía ser un ambiente subacuático, revela insperadamente una diferente identidad, convirtiéndose en un paisaje donde el viento dona dulcemente una forma a los colores y la vegetación vive el latido cadenciado impuesto por la creatividad de la pintora. La fuente principal de su arte es el mundo antiguo y lo comprendimos desde el primero encuentro con las obras de la pintadora: frisos, altorrelieves, columnas y vasos de forma clásica se insertan admirablemente en un esparcido contexto hecho de luz tenue y delicados cromatismos. Resaltan reales obras escultóricas de arte antigua; pero estas obras maestras, que los cinceladores habían hecho inmóviles con la rigidez de la piedra, en las realizaciones de Adriana Bavaresco parecen salir del mármol, encarnarse y animarse por meditadas y amorosas pinceladas de luz y de color. En esas pinturas el fondo y el sujeto parecen fundirse, perdiendo la distinción original entre los respectivos planos; lo que parece real, revela inesperados perfiles metafísicos, realizando un conjunto que esfuma, con grande experiencia, la cromática narración que se desarrolla en la tela. A menudo, junto a los objetos antiguos, las obras de la artista son avivadas por la presencia de personajes que recuerdan el tiempo épico y mítico de los héroes por su vestuario, sus atavíos y sus atributos. La manifiesta y profunda espiritualidad que anima la pintadora se concreta en obras donde la Cruz refulge poniendo en la sombra la columnata de los antiguos templos paganos. La artista superó la dificultad de reinterpretar el pasado, permeando sus sujetos con apasionadas razones sentimentales, haciendolos revivir en el tiempo eterno de las telas. Para esta pintadora el imposible no existe. Su preparación técnica, el juego de luz y colores, su genialidad de la narración, su lucidez de ejecución, su cultura clásica, su creatividad sin fronteras son los aspectos globales donde se distingue su caligrafía pictóricas: la espontánea síntesis así realizada dona a la pintadora un ritmo más verdadero y original. El gran encanto emanado de esa arte, tras de atraer al público interesado por la pintura, entusiasma todas las personas que ven sus admirables cuadros. Podemos concluir diciendo que Adriana Bavaresco, con sus maravillosas creaciones, logra realizar lo que es concebible sólo en los sueños: mirando el mundo através del reflejo de sus ojos, se puede revivir el antiguo mundo de los heroes, ya superado por la luz de una nueva fe.
 

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